La evaluación de daño psicológico constituye una de las herramientas periciales más utilizadas cuando una persona ha experimentado hechos traumáticos que podrían haber afectado significativamente su salud mental. Este tipo de evaluación resulta frecuente en causas relacionadas con violencia intrafamiliar, delitos sexuales, accidentes, negligencias, acoso laboral y diversas situaciones donde es necesario acreditar las consecuencias psicológicas derivadas de un hecho determinado. Un peritaje psicológico orientado a determinar la existencia de daño emocional busca establecer si existe una relación entre los hechos denunciados y las secuelas observadas en la persona evaluada. Para ello, el profesional realiza entrevistas clínicas, aplica pruebas psicológicas validadas científicamente y analiza antecedentes médicos, judiciales y sociales que permitan construir una conclusión objetiva. A diferencia de una atención terapéutica, la finalidad de un informe pericial psicológico es aportar evidencia técnica para que el tribunal pueda valorar el impacto psicológico dentro del proceso judicial. La objetividad y el respaldo metodológico son aspectos fundamentales para que este tipo de informe tenga valor probatorio. Un informe sólido debe explicar claramente la metodología utilizada, justificar las conclusiones y establecer si las secuelas detectadas son compatibles con los antecedentes del caso. En muchos procesos judiciales, la evaluación de daño psicológico puede influir en la determinación de responsabilidades, indemnizaciones o medidas de protección para la víctima. Debido a ello, tanto abogados como particulares buscan profesionales con experiencia en peritajes psicológicos, capaces de elaborar informes técnicamente consistentes y defendibles ante tribunales. Contar con una evaluación realizada bajo criterios científicos aumenta considerablemente la confiabilidad del informe y fortalece la estrategia jurídica, entregando antecedentes objetivos que contribuyen a una resolución más justa y fundamentada.